Palíndromos

Damos vueltas en la noche

y somos consumidos por el fuego

No cabe duda que entre la casi infinita variedad de juegos de palabras, hay uno que ocupa un lugar especial, capaz de despertar las más terribles ludopatías lingüísticas: es el caso de los palíndromos o capicúas. Estos términos provienen de distinto origen – en griego moderno tenemos πάλι (páli – “de nuevo”) y δρόμος (drómos – “camino”), en catalán cap i cua significa “cabeza y cola”; en ambos casos, se emplean para referirse a las palabras, frases, números o textos que se leen igual en ambos sentidos de lectura.

Vale la pena recurrir nuevamente a los tiempos de Ptolomeo II, quien fuera –como ya vimos– fuente de inspiración anagrámica para el poeta Licofrón. Bajo su reinado, cabe destacar la figura del gran Sotades de Maronea, autor de numerosos versos subversivos y obscenos bajo la llamada métrica sotádica y frecuentemente considerado el primer creador de palíndromos. Al parecer, un verso bastante guarango de Sotades -que no reproduciremos aquí para no herir sensibilidad alguna- respecto a la unión incestuosa de Ptolomeo con su hermana, la reina Arsínoe II, le valió al poeta su encarcelamiento y posterior ejecución.

Al considerar la Edad Media, merece una especial mención el emperador bizantino León VI el Sabio (866-912). Creador de veintipico de palíndromos, se destaca uno que aparece en numerosas pilas de iglesias europeas:

ΝΙΨΟΝ ΑΝΟΜΗΜΑΤΑ ΜΗ ΜΟΝΑΝ ΟΨΙΝ

que en criollo viene a significar “laven sus pecados, no solo su cara” (aunque también es atribuido a Gregorio de Nacianzo). Asimismo, se sabe a su vez que Dante solía practicar la invención de versos capicúas.

En 1887, apareció en Glasgow la primera colección inglesa: veintidós frases capicúas ilustradas, a cargo de G.R. Clarke, con el título de Was it a rat I saw? (“¿Era una rata lo que vi?”). Ya en el siglo XX, los palíndromos tuvieron cultores y admiradores de gran fineza, como James Joyce en su Ulysses (Madam, I’m Adam) o el célebre Georges Perec, quien compuso un poema palindrómico de más de 1200 palabras. En lengua española, cabe destacar la pasión de Julio Cortázar (y su conocido cuento “Lejana”, de Bestiario) o Augusto Monterroso, quien hace un fecundo recurrido por juegos de palabras en “Onís es asesino”, del libro Movimiento perpetuo. Entre los sudamericanos de mayor maestría palindrómica, encontramos sin dudas al venezolano Darío Lancini (autor del poemario Oír a Darío) y el argentino Juan Filloy, quien se adjudica -no sin buenas razones- el récord mundial de palindromía.

Para completar el recorrido, valorando y reivindicando los aportes que se realizan desde este rinconcito, recordamos y recomendamos la novela infantil Anina Yatay Salas, de Sergio López Suárez con ilustraciones de Alfredo Soderguit, que inspiró la película animada Anina (de Alfredo Soderguit con la adaptación de Federico Ivanier) que fue estrenada en el año 2013 y recorrió las salas de cine de todos los rincones del mundo.

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